Febrero 2 de 2026
Viajar en pareja es aprender a leerse en movimiento. Entre vuelos, maletas y rutas nuevas, descubrimos que no todo es avanzar sin parar. A veces, viajar juntos también significa detenerse a tiempo, elegir una noche tranquila y volver a mirarse sin distracciones.
Somos una pareja viajera. De las que disfrutan el camino tanto como el destino. Nos gusta viajar en carro, parar cuando algo nos llama la atención, improvisar rutas y decidir sobre la marcha dónde dormir esa noche. En uno de esos viajes llegamos al Hotel Santa Catalina. Desde el primer momento, todo fluyó: parqueadero amplio y cómodo, atención cálida apenas llegamos y una sala de espera tranquila y acogedora donde pudimos descansar mientras llegaba la hora del check-in. No sentimos prisa, ni incomodidad, ni esa sensación de estar “de paso”. Al contrario, se sintió como una pausa bien pensada dentro del viaje.
En uno de esos viajes decidimos regalarle al trayecto una pausa consciente. No buscábamos lujo excesivo ni planes complejos, solo un lugar cómodo, privado y silencioso donde descansar el cuerpo sin apagar la emoción del viaje.
El Hotel Santa Catalina apareció justo cuando lo necesitábamos. Desde el primer momento, el espacio se sintió acogedor: una habitación amplia, una cama que invitaba a quedarse y una sensación de privacidad difícil de encontrar cuando se está viajando.
Esa noche no fue solo descanso. Fue conversación sin reloj, risas suaves y la tranquilidad de saber que habíamos elegido bien. Entendimos que viajar en pareja no siempre es ir lejos; a veces es elegir el lugar correcto para detenerse.
Al retomar el camino a la mañana siguiente entendimos algo simple: no todos los recuerdos de un viaje están en el destino final. Algunos se quedan en esas noches bien elegidas, en lugares que acompañan sin imponer, que ofrecen descanso real y privacidad cuando más se necesita. El Hotel Santa Catalina fue eso para nosotros: una pausa cómoda, tranquila y necesaria dentro de nuestro viaje en pareja. De esas paradas que no se olvidan y que, sin buscarlo, terminan siendo parte esencial del recorrido.
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